La naturaleza fue primero, y en un planeta recalentado y necesitado de buenas prácticas que lo protejan, sus habitantes somos responsables de su salud.
Mar 20, 2021 Opinión | El Heraldo
Debemos recordar que en los espacios en donde ahora están nuestras ciudades y se expanden, antes había grandes praderas, bosques, árboles, fuentes de agua. Reconozcamos que el crecimiento que hemos alcanzado no habría sido posible sin los recursos naturales, sin el suelo. Volvamos a abrirle espacio a la naturaleza para progresar junto a ella y no de espaldas a ella.
Hoy las ciudades ya no solo deben ser un conjunto de edificios y calles, regidos por un gobierno local, en donde el desarrollo urbano se impone, sino que deben ser pensadas y gestionadas a partir de entornos naturales saludables. La naturaleza ya no puede seguir siendo lo que está allá afuera, la naturaleza ahora forma parte del todo.
Por ello, en el Gobierno nacional, a través del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible queremos transformar las ciudades en grandes espacios en los que la naturaleza se integre al desarrollo urbano, como una estrategia, además, de solución a las principales problemáticas ambientales, sociales y económicas. Así surge el concepto de biodiverciudad.
Una biodiverciudad es una ciudad que reconoce, prioriza e integra sus beneficios hacia un desarrollo urbano sostenible, cuidando su biodiversidad y reconociendo la importancia de su medio natural interno y externo.
Nuestra idea de biodiverciudad mejora la calidad de vida en las ciudades porque garantiza bienestar, equidad e inclusión social al reconocer los beneficios de la biodiversidad; fomenta el desarrollo bajo en carbono, contribuye a la adaptación y a la resiliencia al clima en el marco de las estrategias que buscan combatir el cambio climático.
En primer lugar, las biodiverciudades deben aspirar a implementar una economía sostenible que fomente la innovación y el desarrollo de tecnologías para la conservación, lo que a su vez impulsa la generación de empleo y la reactivación económica mediante el uso sostenible de los recursos naturales.
En segundo lugar, se deben incorporar criterios de biodiversidad y servicios ecosistémicos a la planificación territorial. Por último, deben virar hacia prácticas de consumo y hábitos responsables, los que se alcanzan, entre otros medios, a través de una gestión sostenible, aprovechando y disponiendo los residuos adecuadamente, buscando el menor impacto socioambiental.
Hemos iniciado con esta estrategia en 10 ciudades en una primera fase: Barranquilla, Leticia, Villavicencio, Medellín, Bucaramanga, Quibdó, San Andrés y Providencia, Barrancabermeja, Manizales y Montería. En una segunda fase se han sumado Armenia, Pasto y Yopal. Esperamos llevar la iniciativa a las demás capitales colombianas.
La naturaleza fue primero que todo, y en un planeta recalentado y necesitado de buenas prácticas que lo protejan y eviten su destrucción sus habitantes somos responsables de su salud, de cambiar el rumbo y de valorar lo que jamás debió perder su valor, los recursos naturales. Las biodiverciudades son una forma inteligente de lograrlo.
* Ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible.
